órganos de los sentidos

Observemos en primer lugar que todos los números del párrafo anterior son mayores que cinco. No hace falta reflexionar mucho para darse cuenta de que los seres humanos poseen más que los cinco sentidos «clásicos» de la vista, el oído, el gusto, el olfato y el tacto.

La idea de los cinco sentidos clásicos se remonta al menos a Aristóteles, un tipo con bastante clase. En De Anima (Del alma) sostiene que, para cada sentido, hay un órgano sensorial. Hasta aquí, tiene una base razonablemente sólida. Es cuando dice que no puede haber un sexto sentido, porque sólo hay cinco órganos de los sentidos, cuando se mete en problemas.

Porque cuando se empieza a contar los órganos de los sentidos, se llega enseguida a seis: los ojos, los oídos, la nariz, la lengua, la piel y el sistema vestibular. Nuestra comprensión del papel del sistema vestibular como órgano de los sentidos se remonta a principios del siglo XIX, más de dos milenios después de Aristóteles. Ahora sabemos que el sistema vestibular, situado en el oído interno, es una parte integral de cómo nos equilibramos, pero también desempeña un papel crítico en la visión, permitiéndonos mantener nuestros dos ojos enfocados en las cosas incluso mientras nuestra cabeza se mueve.

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El sentido del equilibrio o equilibrocepción es la percepción del equilibrio y la orientación espacial[1] y ayuda a evitar que los seres humanos y los animales no humanos se caigan cuando están de pie o en movimiento. La equilibrocepción es el resultado del trabajo conjunto de varios sistemas sensoriales: los ojos (sistema visual), los oídos internos (sistema vestibular) y el sentido del cuerpo de dónde se encuentra en el espacio (propiocepción) deben estar idealmente intactos[1].

El sistema vestibular, la región del oído interno donde convergen tres canales semicirculares, trabaja con el sistema visual para mantener enfocados los objetos cuando la cabeza se mueve. Esto se denomina reflejo vestíbulo-ocular (RVO). El sistema de equilibrio trabaja con los sistemas visual y esquelético (los músculos y las articulaciones y sus sensores) para mantener la orientación o el equilibrio. Las señales visuales enviadas al cerebro sobre la posición del cuerpo en relación con su entorno son procesadas por el cerebro y comparadas con la información de los sistemas vestibular y esquelético.

La mayoría de los astronautas descubren que su sentido del equilibrio se ve afectado cuando están en órbita porque se encuentran en un estado constante de ingravidez. Esto provoca una forma de mareo llamada síndrome de adaptación al espacio.

cuáles son los 21 sentidos humanos

A primera vista, la figura 8.7.1 parece ser sólo puntos de color al azar, pero en ella se esconde la forma tridimensional de una abeja. ¿Puedes verla entre los puntos? Esta figura es un ejemplo de estereograma, que es una imagen bidimensional que, cuando se ve correctamente, revela un objeto tridimensional. Si no puedes ver la imagen oculta, no significa que haya algo mal en tus ojos. Todo depende de cómo interprete tu cerebro lo que perciben tus ojos. Los ojos son órganos sensoriales especiales, y la visión es uno de nuestros sentidos especiales.

El cuerpo humano tiene dos tipos básicos de sentidos, llamados sentidos especiales y sentidos generales.  Los sentidos especiales tienen órganos sensoriales especializados que recogen la información sensorial y la transforman en impulsos nerviosos. Los sentidos especiales son la visión (para la que los ojos son los órganos sensoriales especializados), la audición (oídos), el equilibrio (oídos), el gusto (lengua) y el olfato (fosas nasales).  Los sentidos generales, en cambio, están asociados al sentido del tacto. Carecen de órganos sensoriales especiales. En su lugar, la información sensorial sobre el tacto es recogida por la piel y otros tejidos corporales, todos los cuales tienen funciones importantes además de recoger información sensorial. Sin embargo, tanto si los sentidos son especiales como generales, todos dependen de unas células denominadas receptores sensoriales.

5 sentidos en orden de importancia

El sistema nervioso debe recibir y procesar información sobre el mundo exterior para reaccionar, comunicarse y mantener el cuerpo sano y seguro. Gran parte de esta información llega a través de los órganos sensoriales: los ojos, los oídos, la nariz, la lengua y la piel. Las células y los tejidos especializados de estos órganos reciben los estímulos en bruto y los traducen en señales que el sistema nervioso puede utilizar. Los nervios transmiten las señales al cerebro, que las interpreta como vista (visión), sonido (audición), olor (olfacción), sabor (gustación) y tacto (percepción táctil).

Los ojos se encuentran en las órbitas del cráneo, protegidos por hueso y grasa. La parte blanca del ojo es la esclerótica. Protege las estructuras interiores y rodea un portal circular formado por la córnea, el iris y la pupila. La córnea es transparente para permitir que la luz entre en el ojo, y curvada para dirigirla a través de la pupila que hay detrás. La pupila es en realidad una abertura en el disco coloreado del iris. El iris se dilata o se contrae, ajustando la cantidad de luz que pasa a través de la pupila y hacia el cristalino. La lente curvada enfoca entonces la imagen en la retina, la capa interior del ojo. La retina es una delicada membrana de tejido nervioso que contiene células fotorreceptoras. Estas células, los bastones y los conos, traducen la luz en señales nerviosas. El nervio óptico lleva las señales del ojo al cerebro, que las interpreta para formar imágenes visuales.